martes, 19 de octubre de 2010
Pescando...
No muchas personas conocen el termino. Se denomina estrés del pescador. Fue descubierto por un psicólogo a principios del pasado siglo cuando observo como aquellos trabajadores que tenían que dejar sus casas por largos periodos de tiempo antes de echarse a la mar, padecían semanas antes de su marcha, una suerte de síndrome que se asemejaba a lo que podía sentir el ahorcado horas antes de llevarse a cabo su sentencia. Una autentica tragedia de dimensiones bíblicas se podría leer en los rostros de aquellas personas que por razones de fuerza mayor debían dejar atrás aquello que mas felices les hacia. Pero lo peor no era eso, la verdadera angustia se podía respirar en la mirada de los pescadores mas veteranos, pues eran estos los que sabían que a la vuelta no todo iba a ser igual. "Es como jugar a la ruleta con tu corazón sabiendo que vas a perder y con la única incógnita de desconocer que trozo va a ser arrancado" narraba en una entrevista uno de los afectados. Los síntomas se hacían notar de golpe y sin previo aviso, como si la mente de los afectados encendiera un interruptor y una cascada de consecuencias inundaran sus retinas. Acto seguido la sequedad de boca hacia que tragasen saliva y mientras inspiraban una bocanada de aire, el vacío se hacia en tu interior. Y ni toda la inmensidad del océano era capaz de llenar el boquete creado. La energía, que en forma de angustia, se generaba durante esos días podría suplir a una central nuclear, pues sentían como alguien les arrebataba no solo parte de lo que eran, sino de lo que podrían ser. No había consuelo posible, excepto quizás, una carta que les recuerde que aun hay quien les espera, y que no todo va a cambiar.
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