domingo, 12 de diciembre de 2010
Neverland...
Vivir en un país extranjero es como hacer un viaje en el tiempo, todo parece extrañamente familiar pero las cosas se hacen de forma sutilmente diferente. Aunque al principio todo puede parecer maravillosamente sorprendente, tarde o temprano llega a tu memoria Michael J. Fox y te invade una fuerte necesidad de regresar al futuro. Y ahora que con las navidades me depara un respiro de mi particular síndrome de Ulises, reflexiono sobre el país en el que estoy viviendo para darme cuenta que es la versión adolescente de Nuncajamas. Tímidos como conejos en una lobera los noruegos se sumergen en litros de alcohol para liberarse de sus inseguridades mientras Papa-estado les ordena estar en casa antes de las 4 de la mañana.Aun no aprendieron que buscar cariño a través del sexo es como conducir en dirección contraria,y es que a veces algunos caminos son unidireccionales.Así que lideran las listas de sexo esporádico cuando paradojicamente no se tocan cuando se dan dos besos, para luego, casarse cuando apenas empiezan a conocerse a si mismos. Egoístas y malcriados por la madre patria viven, tal cual banda de snobs, onerosamente aislados en sus comunidades ajenos a la suerte que han corrido por nacer entre pozos de oro negro. Aun así aun hay gratificantes excepciones que en su particular viaje en el tiempo decidieron crecer y entender que otras formas de vivir son tan posibles y validas como la propia. Creo que debería aprender de ellas sino quiero correr el riesgo de convertirme en un "noruego" mas...
domingo, 5 de diciembre de 2010
Seria un finde cualquiera... pero no.
Los menos 20 rondan en Oslo mientras los copos de nieve danzan en su caída impulsados por la fuerza de un inorportunísimo viento reinante. Las calles son una suerte de trampas deslizantes y eso que aun el hielo no cuelga amenazante de las cornisas. El rio que cruza la ciudad se ha detenido en el tiempo, mientras los patos que allí viven demuestran porque sus plumas abrigan tanto. Los noruegos se mimetizan con el ambiente mostrando su enfermiza timidez solo tratable con cantidades ingentes de alcohol y yo esperaba que llegase el jueves para que empezara mi finde de RockandRoll. Me fui al Oslo Sentrum donde unos teloneros de cuyo nombre no logro acordarme me demostraron porque nunca lo voy a hacer mientras esperaba como agua de mayo que aparecieran MGMT. Entre medias, un chaval dejaba muestras de lo malo que es el alcohol cerca de mis zapatos, despejando de este modo cualquier presencia de altura que me impidiese ver el concierto. Una hora de buena música en buena compañía sugerían un finde cuanto menos entretenido. Y en esas llego el viernes y yo tenia una botella de vodzca para beber y un vorspiel (botellon) para hacer uso de ella. Prefiesta internacional, como no podia ser de otra manera y un pedal de los que ni yo se como logro disimular. Me paso el sábado intentando recuperarme porque por la tarde tocaban We are scientist... sabia decisión. Sala pequeña y menos gente aun. El aforo no llegaba a 80 personas y estos tíos iban a tocar en pocos días para mas de 10000 en Manchester. Esta clase de cosas solo pueden pasar en Oslo. Lo primero que hacen es bajarse del escenario y poner el micro y la guitarra a pie de pista. Y dale que te pego al RockandRoll con unas espectadores que literalmente les podian oler el sudor del sobaco. Pero eso dio igual porque los tíos se lo curraron como si fuera un concierto del Werchter... una autentica pasada. Domingo de tentacion, pero me rindo a la evidencia de que hay que descansar. Mierda, me doy cuenta de que Oslo seria una ciudad que te cagas si no fuera por el tiempo... y los noruegos (panda de aburridos paralíticos emocionales). No se cuando llegara la conciliación con el país, supongo que para cuando me vuelva como no puede ser de otro modo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

