domingo, 11 de septiembre de 2011

Pronto hara un año...




En unas pocas semanas hará ya 365 días que volví sobre mis pasos para reencontrarme con el salmón con patatas, las cervezas a 8 euros y ese extraño sentimiento que evoca el invierno noruego cuando miras por la ventana y te parece estar mirando un programa en blanco y negro de los años 50. Haciendo uso de una memoria que ya empieza a renquear, me recuerdo atemorizado por acostumbrarme a vivir en un lugar del que ya me había despedido. Por ello, me rebele contra las normas del buen emigrante aislándome de cualquier proceso adaptativo, no fuera a darme por quedarme indefinidamente. Ni palabra de noruego, ni palabras con noruegos. Victorioso en mi empeño sin darme cuenta me había adentrado en la jungla de hielo. No había bestias ansiosas de sangre, ni serpientes de mortal veneno. Solo oscuridad y frio esperando la desesperación. Inhóspito donde los haya, el paisaje noruego era poco menos que ver una hoja en blanco con una linea a lápiz como horizonte. Angustiado, el instinto de supervivencia activó el modo explorador y empecé a recorrer territorios mas cálidos donde encontrarme con mis tan añorados como necesarios amigos. Bolonia, Venecia, Dublin, Oporto y la siempre eterna Salamanca me sirvieron de refugio cuando las temperaturas caían con mas estrépito. A todo esto y sin faltar a mi rebeldía, países tan lejanos como Inglaterra, Polonia o Macedonia se fueron acercando a mi patata como si de filetes de ternera estuviera hablando. Ya no hacia tanto frio aquí, y no solo era porque el astro rey por fin se digno a salir. Facebook llego donde Ryan air no pudo y a través de él descubrí que B ya ve la luz al final del túnel de su convalecencia, que R se despojo del san benito de la eterna estudiante y que F (que mas pronto que tarde merecerá un post) con una elegante sencillez, parece que se ha deshecho de lo único malo que puede crecer en él. Y ahora que, como si de un boomerang se tratara, el invierno vuelve, lo acomodare en el sofá de mi casa mientras yo me voy a conocer Nantes (donde azules miradas ruborizaran mi piel) y Munich (de la que haré muchas fotos a sabiendas de que la cerveza borrara las de mi memoria). Y es como me dijo un sueco ayer: "Oslo es una ciudad maravillosa para conocer otros países"

No hay comentarios: