lunes, 30 de mayo de 2011

De decir y de ser...


Y hace ya unos años apareció en mi imaginario una frase de la que hice un estandarte. Fue un paraguas cuando llovía tristeza, un escudo con el que defenderme de las mentiras que me cuento y una espada con la que fulminar a los que a su letra faltaran. La tome como una verdad inmutable que como de la muerte nadie escapaba, un axioma en el que apoyarme en caso de duda, un consejo con el que siempre acertar, una cálida manta con la que confortarme cuando el frío se hacia a mi alrededor. Y sin embargo de un tiempo a esta parte las fronteras de lo que es autentico y real se han expandido invadiendo el inhóspito territorio de lo desconocido. Palpo a ciegas aquello que me rodea mientras intento escuchar entre tanto ruido. Me siento como un desmemoriado al que se le ha olvidado todo menos la constancia de su perdida. Estoy perdido en el laberinto que yo mismo construí. Y es que ya no tengo tan claro que las cosas que no se dicen son como si no fuesen, porque aunque como la Ley de la física Newtoniana sirve para ser aplicada sobre el basto reino de la vida cotidiana, existen profundos agujeros en los cuales la cacofónica frase se pierde como un niño en el centro comercial. Pues hay palabras que fueron escritas para no ser leídas, dichas para no ser escuchadas y pensadas para no ser gritadas. Hay cosas que aunque no se digan nunca dejaran de ser.

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