lunes, 4 de julio de 2011

Tierra quemada


Una nube sucia había encapotado el día y el aire se había levantado anunciando rayos y trueno. El café donde habían quedado para firmar los papeles del divorcio era coqueto y pequeño. El, apesadumbrado por la situación le miro con angustiados ojos y entonces ella, haciendo uso de los galones que le otorgaban mas de 20 años como catedrática de historia le lanzo una explicación sin que mediera palabra alguna. La tormenta se habia desatado:
"Cuando un ejercito te invade una de las formas mas efectivas para evitar que te alcance es arrasar con todo aquello que le pudiera ser de utilidad a medidas que avanzas en tu huida. Con ello consigues esconder varios ases bajo la manga que pudieran darte la victoria final. El primero, y mas evidente, es que frenas su avance. Al no poder adquirir los suministros necesarios para abastecer sus necesidades, tu rival ha de esperar a que le lleguen los víveres. Por consiguiente, y aquí viene el segundo as, ha de destinar un mayor numero de medios a infraestructura y logística, debilitando consecuentemente el grueso de su ejercito. Y por ultimo, y no menos efectivo, quemando tus naves pieza a pieza empiezas un juego donde el premio va menguando a medida que dura la persecución. Y nadie se pelea si no tiene nada que ganar. Y si, a primera vista todo son ventajas, pero... tanto si ganas como si pierdes te has cortado el brazo y nada puedes hacer para recuperarlo."
"Y eso a que viene" pregunto él.
"A que somos tierra quemada" le contestaron.
Y aunque el cielo seguía cubierto, un claro se hizo sobre sus cabezas.

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